jueves, octubre 09, 2008

Etnografía de la Doñana sevillana

Es el título de un libro recientemente publicado por la Mancomunidad del Aljarafe en el que, según la prensa, se recogen “el día a día de oficios perdidos o en peligros de extinción, como los carboneros, los choceros o artesanos de la enea”.

Desde hace años venimos defendiendo una idea integral del territorio de Doñana. Espacio natural y hábitat humano forman un todo indisociable en el que estos dos ámbitos se han interrelacionado a lo largo del tiempo. A la actividad humana en Doñana la denominamos habitualmente “usos tradicionales”, de los que forman parte los arriba citados y otros como la apicultura, la recogida de la piña, la ganadería, etc.



Doñana, dicho de otra forma, es un ámbito cultural, etnográfico, con unas características comunes, independientemente de la porción de territorio que consideremos desde el punto de vista de su división administrativa. La etnografía, que yo sepa, alude a un determinado ámbito cultural, no administrativo. ¿Existe una especificidad de los carboneros, choceros o artesanos de la enea sevillanos frente a los onubenses o gaditanos que justifique la denominación de “Doñana sevillana”?. Sinceramente, no lo creo.

Habría que buscar entonces la razón en otra parte. Y es cuando nos percatamos de que la iniciativa de la mencionada publicación ha partido, como decía, de un ente administrativo del aljarafe sevillano, como también se ha iniciado recientemente el programa de visitas a la “Doñana sevillana”, que ha impulsado la Diputación de Sevilla, con la inestimable colaboración de la Fundación Doñana 21.

¿No es paradójico que un territorio que tiene en su haber títulos internacionales como el de Patrimonio de la Humanidad o Reserva de la Biosfera se vea afectado por este provincianismo de estrechas miras que en nada le favorece?

Naturalmente, para las provincias con territorio en Doñana este espacio es un valor añadido muy importante y, por tanto, están plenamente justificadas este tipo de iniciativas. Sin embargo, precisamente en virtud de la gran cámara de resonancia que es Doñana, es fundamental no trasladar una imagen de varias Doñana, sencillamente porque no se corresponde con la realidad de este territorio. Si se me permite la auto referencia, cuando desde Almonte planteamos hace 15 años el programa de visitas al Parque Nacional para los vecinos de nuestra localidad ( en un momento socialmente complejo ) no lo denominamos “Almonte conoce la Doñana onubense”, sino “Almonte conoce Doñana” a secas, a pesar de que los recorridos se desarrollan por territorio exclusivamente onubense.

El lenguaje no es una cuestión anecdótica y, desde luego, nada como él para denotar una actitud. Las instituciones públicas deberíamos ser especialmente exigentes en esta cuestión y mirar más allá de nuestro ámbito de competencias en un tema como el que nos ocupa, sobre todo cuando es producto de la inercia de otras actitudes que podrían ser consideradas patrimonialistas, anacrónicas en un mundo tan interdependiente como el actual.

Doñana tiene el suficiente prestigio, la suficiente riqueza cultural como para “abastecernos” a todos. Pero, por favor, no la desmembremos por una visión parcial y miope de su realidad.

miércoles, agosto 06, 2008

Zapatero en Doñana


El pasado día 3 tuve la gran satisfacción de recibir al Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, a su llegada a Doñana para pasar unos días de descanso. Estuve acompañado por la Directora General de Sostenibilidad en la Red de Espacios Naturales de la Consejería de Medio Ambiente, Rocío Espinosa.

Zapatero estuvo muy atento con todos los allí congregados y departió largo y tendido con todo el que quería hablar con él.

Quisiera agradecer este gesto del Sr. Presidente que demuestra su compromiso con Doñana, con Almonte y con Huelva.

miércoles, julio 09, 2008

11 Encuentro Internacional de Bellas Artes - Križanke, Eslovenia


Las estrategias de conservación del Lince Ibérico

Entrevista en el número de 16 de la Revista "Gato Clavo" editada por la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía.
Pincha sobre el logo para acceder a la revista.

jueves, mayo 22, 2008

El triángulo social

La justicia social tiene tres vértices en nuestro globalizado mundo, que están en el origen de los desequilibrios que padecen países, comunidades, colectivos y personas por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia individual o social: la igualdad, la cooperación al desarrollo y la inmigración. A mi juicio, sólo desde una óptica integral de estas cuestiones, de estas situaciones generadoras de injusticia social, es posible vislumbrar las posibles soluciones. Es la óptica desde la que, modestamente, trabajamos en el Ayuntamiento de Almonte.

Es cierto que existe una creciente conciencia social sobre estos temas y, sin embargo, también es evidente que todavía nos falta, si analizamos la situación actual, una coherente continuidad desde la esfera de lo ético al terreno de la acción, al menos en la medida que sería suficientemente satisfactoria.

Con respecto al tema de la igualdad, parece necesario fomentar la educación en valores desde la escuela y en la sociedad en general, para atenuar los efectos sociales de los comportamientos regidos exclusivamente por intereses materiales y propiciar un cambio social hacia un modelo más humano y solidario. Por otro lado, siempre cabe cuestionarse en qué medida el marco legislativo contribuye a la reducción de las desigualdades sociales. A veces, se ponen en evidencia situaciones que hacen dudar de su capacidad resolutiva (por ejemplo, trabas administrativas que bloquean la concesión de ayudas urgentes y necesarias, difícil acceso a la información por parte de los grupos más desfavorecidos, etc.).

Hablando en positivo, habría que mejorar la comunicación como estrategia de implicación personal en la reducción de las desigualdades sociales, favorecer la integración y el compromiso social de los individuos, fomentar la mencionada educación en valores, mejorar el acceso a la formación, propiciar la necesidad de un mayor compromiso social y político en el desarrollo de las actuaciones encaminadas a la integración de los grupos discriminados y desfavorecidos.

Con la cooperación al desarrollo se constata la alarmante desigualdad existente en la distribución de los recursos planetarios; la existencia de una percepción social de impotencia e incomprensión ante los problemas globales; la necesidad de superar la actitud caritativa (cultura del donativo) por una actitud más solidaria y comprometida (cultura de la cooperación al desarrollo) y la importancia de reconocer la contribución de las ONG’s en la mejora de las condiciones de vida de las comunidades pobres.

La contribución del 0’7% del presupuesto municipal, que nosotros aportamos hace algunos años, a proyectos de Cooperación al Desarrollo, es una de las medidas prioritarias en este apartado.

Por último, la inmigración se presenta como un fenómeno imparable en un momento que se está produciendo una quiebra demográfica en una gran parte de los países ricos, lo que, a su vez, hace necesaria la llegada de inmigrantes.

La intensidad de las migraciones y la posibilidad de que siga creciendo por encima de la demanda de trabajo son aspectos preocupantes porque no permiten una acomodación e integración social y cultural razonable para el que llega ni para el que recibe. Este diagnóstico impone la necesidad de potenciar la contratación en origen. Así mismo, habría que controlar y mejorar las condiciones de alojamiento y hacer efectiva una mayor coordinación y planificación, con el suficiente tiempo de antelación, entre las administraciones competentes y las entidades de ayuda.

Como confirmó en su momento la cumbre de Johannesburgo, la “revolución ética” que se debería producir en los países ricos es más una cuestión social que estrictamente política. La política, los gobiernos, acaban asumiendo el lenguaje que les trasladan las mayorías sociales cuando éstas son realmente conscientes de los problemas de su tiempo, como ha ocurrido históricamente con temas como los derechos de la mujer etc., que parecían inexpugnables.

La modernidad de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de las grandes cuestiones que afectan al medio ambiente, ha traído retos globales y de una creciente exigencia ética para el conjunto de la sociedad. Pero debe, como digo, ser ésta la que debe estar en la vanguardia y la que debe marcar la pauta a sus gobiernos, la que, en definitiva, haga posible la superación de las profundas contradicciones con las que convivimos todos los días. Que, en definitiva, el poder, como dice la letra de la democracia, emane, de hecho, de abajo arriba.

viernes, mayo 16, 2008

Homo ¿sapiens?

¿Sapiens? Por una sencilla cuestión, nos estamos cargando la Tierra. Debemos replantearnos nuestra relación entre el planeta Azul y las sociedades que lo componen.

Estas sociedades, y los individuos particulares, con sus acciones deben construir ecosistemas sociales más seguros, saludables y ricos. Las diferencias tan abismales entre estas sociedades está llevando a la vida en la Tierra a un callejón sin salida que si no reaccionamos deprisa, máximo 20 años, podemos entrar en un camino sin retorno del que luego no caben reproches ni remordimientos.

No podemos permanecer más tiempo impasibles ante lo que se nos avecina, como diría un angloparlante, STAND UP, démonos un tiempo y dejemos de pensar en nosotros mismos, en nuestras necesidades y pensemos en el conjunto, porque no demos olvidar que todos formamos parte del mismo proyecto, la TIERRA.

Debemos desarrollar sistemas de igualdad entre sociedades, de responsabilidad por lo hecho, como decía el filosofo francés y experto en medio ambiente, Dominique Bourg, definir una Ética Planetaria que nos permita sentar las bases de una sociedad que conviva en armonía entre sus semejantes y en su relación con la Tierra. Debemos inventar nuevos modos de regulación económica y política.

Las sociedades actuales, principalmente las que viven los países desarrollados, empiezan a conocer sus límites, y el vértigo y el miedo que esto supone.

martes, mayo 06, 2008

25 años de Plan Romero

Hace 25 años que se puso en marcha por primera vez el Plan Romero, paralelamente al proceso democrático de la sociedad española.
En los años 80 y 90 hemos visto crecer exponencialmente la Romería y, por tanto, hacerse mucho más compleja hasta convertirse en un fenómeno masivo de personas, vehículos y caballerías. Y todo movimiento masivo hace mucho más compleja la organización de todos los dispositivos que deben garantizar el normal desarrollo de la fiesta, lo que, de hecho, se ha conseguido si atendemos, considerando estas dimensiones, al nivel de incidentes que se registra cada año.

Lógicamente, la única receta para esto es la coordinación entre las administraciones implicadas y la colaboración de las Hermandades y el movimiento rociero en general.

Partíamos de un escenario anterior bien distinto que, dicho en breves palabras, se caracterizaba por la falta de una cultura de la colaboración, que cambió sensiblemente con la práctica constitucional y la progresiva madurez democrática de nuestra sociedad. La consecuencia ha sido que nos hemos dotado de una gran capacidad para afrontar retos colectivos, como es la celebración anual de la Romería. Pero además, lo hemos conseguido sabiendo mantener la vitalidad, las señas de identidad de nuestra tradición, al mismo tiempo que nos hemos actualizado para adaptarnos a los inevitables cambios que se han producido, como es el espectacular aumento del número de vehículos y la consiguiente habilitación de nuevas zonas de aparcamiento vigiladas (a las que se aplicaran este año las nuevas tarifas por minuto), o dando respuesta a los aspectos relacionados con la protección del medio ambiente de la aldea (en la que, por ejemplo, estamos recogiendo los aceites usados) y de sus caminos de acceso.

Como venimos reiterando en el Bando de la Romería existe una simbiosis muy clara entre El Rocío y Doñana, cultural y paisajísticamente hablando. La aldea de El Rocío y su entorno forman parte del ámbito de Doñana y es, por tanto, un lugar de unos valores medioambientales reconocidos e indiscutibles, estrechamente vinculados además a la tradición y la iconografía rociera. La preservación de estos valores debe ser una pauta de conducta generalizada entre los romeros, ya que con ello estaremos contribuyendo al mantenimiento de un legado que se ha transmitido a través de los siglos en el respeto a nuestro medio natural. El deterioro de este espacio, parte consustancial de la Romería, conllevaría un paralelo deterioro de las raíces que han conformado esta tradición de religiosidad popular.

Es precisamente esta visión integradora entre cultura, tradición y medio ambiente la que hemos sabido llevar a la práctica en el Plan Romero, y que además está en permanente renovación dependiendo de las exigencias que marcan los tiempos y la propia evolución de la Romería.

viernes, abril 25, 2008

15 años después

El contexto de Almonte es el de un municipio en el que resalta el hecho de que aproximadamente las dos terceras partes de su término municipal forman parte de los espacios protegidos de Doñana. Esta vinculación con Doñana es hoy un valor añadido que otorga calidad a nuestra oferta, pero que también plantea una exigencia de calidad en los servicios, en las infraestructuras, en las inversiones que se realicen en nuestro territorio. Porque Doñana es algo más que la denominación de un espacio protegido, es una “marca” que nos obliga a las administraciones competentes no sólo a implicarnos en la conservación de sus valores naturales, sino también a garantizar el desarrollo, sostenible, de los pueblos que conforman esta comarca.

Particularmente en los últimos 15 años, a partir de la publicación del famoso Dictamen de la Comisión de Expertos, el Ayuntamiento de Almonte ha liderado un proceso en nuestro municipio en el que ha apostado decididamente por este modelo de desarrollo, lo que se ha concretado en múltiples iniciativas entre las que destacaría nuestro nuevo Plan General de Ordenación Urbana, con el que hemos puesto en valor nuestro paisaje y, al mismo, tiempo hemos planteado oportunidades de desarrollo compatibles con el respeto a nuestro medio natural. También destacaría el importante cambio cualitativo que se ha producido en nuestro sector agrícola. De las tradicionales explotaciones agrarias hemos pasado a una producción ecológica con una importante presencia en los mercados internacionales.

Por otro lado, siempre hemos enfatizado la participación como un factor clave del desarrollo sostenible, ya se trate de aspectos relativos a la conservación del espacio protegido, a la movilidad, a la implicación de los distintos actores sociales en el proceso, etc. Sin la participación activa de los actores de la zona no es posible una Doñana integrada en al contexto social en el que se encuentra inmerso este espacio. Cuando en el pasado Doñana y su entorno social han estado de espaldas las cosas no han ido bien. Necesitamos permanentemente la herramienta del consenso para la Doñana del futuro.

Es lo que hemos intentado hacer en Almonte en los últimos 15 años. Modestamente, más allá de los pronunciamientos globales, nos hemos sentido aludidos directamente y hemos procurado actuar en consecuencia, desde la convicción de que el desarrollo sostenible responde a las exigencias de nuestro tiempo y que no basta la acción de los poderes públicos. El desarrollo sostenible es, ante todo, a nuestro juicio, un movimiento cívico, que, en efecto, apela al ciudadano, que reclama la solidaridad de todos con nuestro planeta.

Con la asunción por parte de la Junta de Andalucía de las competencias del antiguo Parque Nacional, se ha producido un acercamiento de la gestión administrativa del espacio protegido y, por tanto, estamos en la mejor situación para la mencionada y deseable integración de Doñana en su entorno. La creación del Consejo de Participación es un buen síntoma, pero debemos dar un paso más en materia de participación haciendo a nuestras poblaciones, a sus administraciones locales, a sus agentes sociales, entre ellos los sindicatos, copartícipes en los temas que afectan a Doñana.

En este sentido, atendiendo al aspecto social del proceso de desarrollo sostenible, la implantación de la Certificación Social Corporativa a través de la norma SA8000 (norma internacional que toma como punto de partida los principios de la Organización Internacional de Estandarización (ISO) y que abarca los principales acuerdos internacionales sobre derechos laborales. La adopción de criterios de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) en la gestión empresarial y en el ámbito público entraña la formalización de políticas y sistemas de gestión en las vertientes económica, social y medioambiental, definitorias del desarrollo sostenible.